Considerando que casi el cien por cien de los seres humanos
pueden hacer, percibir y criticar el arte y que cualquier cosa mirada desde un
punto de vista determinado, en un contesto y con cierto fondo y forma puede ser
arte, he considerado que unos de los ámbitos más importante en este campo es la
concepción del arte como una práctica dual en su expresión más perfecta. Pero ¿Qué clase de dualidad es la que afecta tanto a la concepción
del arte por parte del que lo realiza como por parte del receptor?
Pues es el arte como divertimento y el arte como algo pedagógico e enriquecedor a niveles personales. El desequilibrio, de esta dualidad, crea una pérdida de valor o
mejor dicho una valorización con algo menos de aprovecho a la hora de hacer a la persona crecer, ya que si es demasiado divertido entretiene pero no
requiere un esfuerzo que enriquezca a la persona y un excesivo derroche de utilidad puede acostumbrar tanto a la persona que
pierda la fascinación que tiene de un principio. Todo esto plantea una pregunta inevitable:
¿Qué baremo o
cantidad de cada elemento es adecuado mezclar para surgir la obra de arte
perfecta?
En realidad esto es tan subjetivo como cada persona es diferente de
otra, aunque en realidad las personas no son tan diferentes unas de otras pero a su vez les separan un
abismo.
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