Hasta qué punto uno se fía de si mismo cuando sabe que su
necesidades son oscuras y su idealismo resplandeciente, difícil es el cambio
cuando una consciencia es oscura e intentas entrar en la luz, un bar exclusivo de las afueras. Él lo consiguió. Cuando exultante lo consigue ve toda la putrefacción de la
imperfección de la especie a la que pertenece, no más decide no mirar atrás mientras
que el barbudo portero le echa y le preguntas si su subconsciente mora en una
fiesta privada a la cual no estas invitado.
Entonces mira a su alrededor fijando la mirada en el portero barbudo de aspecto amenazador el cual no aguanta la mirada fija de su amo y me deja entrar, pero ¿no estaba ya dentro? Con la condición de que hable con el dueño del local le dejará pasar. El dueño se presenta casi calvo con un ramificación de pelo que le baila en el cráneo como una falda raída, el hombre me es vagamente familiar, como todos en esa fiesta. No sé de que hablaron pero el resultado fue una bebida en su mano y otra en la del dueño, no habló con nadie más en toda la noche miró a la gente intentando recordar de que conocía al personal. La gente de la fiesta se trataban entre si como si se conocieran de toda la vida y fue extraño porque por lo visto a él también lo conocían todos. Entonces este hombre empezó a relacionar trozos de su realidad con colegas y amigos, juraría que el dueño se parecía un montón al Ito y vio a tres mezclas de Manolo-Cristian con los demás, además todas las chicas eran versiones viejas de las que por hoy conocía, ¿Será un sueño? Se lo planteó pero en ese momento le volvieron a echar justo cuando la pregunta la dirigía a una chica que pedía en la barra, en su mirada vi confusión familiar pero no le respondió ya que lo estaban sacando por la puerta y levantando me en mi cama.
El móvil sonaba en mi cabeza resacosa como un tren, eran las tres de la tarde y no supe que fue un sueño- real hasta el día siguiente cuando me di cuenta que ya había soñado algo parecido. Sí fue un sueño, pero fue tan intenso que me ha dejado una marca invisible en mi consciencia; la duda y la incertidumbre del por qué.
Entonces mira a su alrededor fijando la mirada en el portero barbudo de aspecto amenazador el cual no aguanta la mirada fija de su amo y me deja entrar, pero ¿no estaba ya dentro? Con la condición de que hable con el dueño del local le dejará pasar. El dueño se presenta casi calvo con un ramificación de pelo que le baila en el cráneo como una falda raída, el hombre me es vagamente familiar, como todos en esa fiesta. No sé de que hablaron pero el resultado fue una bebida en su mano y otra en la del dueño, no habló con nadie más en toda la noche miró a la gente intentando recordar de que conocía al personal. La gente de la fiesta se trataban entre si como si se conocieran de toda la vida y fue extraño porque por lo visto a él también lo conocían todos. Entonces este hombre empezó a relacionar trozos de su realidad con colegas y amigos, juraría que el dueño se parecía un montón al Ito y vio a tres mezclas de Manolo-Cristian con los demás, además todas las chicas eran versiones viejas de las que por hoy conocía, ¿Será un sueño? Se lo planteó pero en ese momento le volvieron a echar justo cuando la pregunta la dirigía a una chica que pedía en la barra, en su mirada vi confusión familiar pero no le respondió ya que lo estaban sacando por la puerta y levantando me en mi cama.
El móvil sonaba en mi cabeza resacosa como un tren, eran las tres de la tarde y no supe que fue un sueño- real hasta el día siguiente cuando me di cuenta que ya había soñado algo parecido. Sí fue un sueño, pero fue tan intenso que me ha dejado una marca invisible en mi consciencia; la duda y la incertidumbre del por qué.
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