Hablo para esos seres que todo lo han vivido y saboreado, los que han demostrado la relación
entre la ciencia y el arte como un enlace entre sinopsis numérica y
pincel. Esos seres que moran entre nosotros los
cuales miran como sus conocidos mueren de un siglo para otro.
Hablo a esa idea que tanto nos atrae, idea a temporal porque
siempre sobrevive. Una idea que sólo es manejada por aquellos que saben tejer
el traje del momento, gigante entre
gigantes que arropan nuestro cielo en un abrazo lleno de soledad y templanza
llamada esperanza.
Hablo sin saber que es eso de no entender el concepto
misterio porque tengo todo el tiempo del mundo, sin entender como las cosas del
día a día pierden sentido porque las he vividos todas diez mil veces, sin
comprender el porqué de las tumbas, las drogas y el reproducirse; sin entender
el sentir.
Hablo según mi único sentimiento, base de todos los
sentimientos que aflora cuando creemos
que no sentimos nada.
Hablo porque seguramente esos entes tendrán caras impávidas e inmortales que nos miran sin vernos y nos tratan porque no tienen más remedio; pues nuestra extinción sería su soledad.
Hablo porque seguramente esos entes tendrán caras impávidas e inmortales que nos miran sin vernos y nos tratan porque no tienen más remedio; pues nuestra extinción sería su soledad.
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