- Hola. ¿Qué tal?- La Margarita asustada dio un giro y sin
ver a nadie que saliera a su encuentro dio un traspié en su caminata. Un brizna de algo le cayó del
cielo y al levantar la cabeza ,y al elevar su ego, se dio cuenta de que una amapola la miraba con anhelo.
- ¿Por qué no consigues ser alegre? Te ando observando hace
tiempo y no te entiendo. Dijo la amapola.
- No sé a lo que te refieres. Y la margarita, nerviosa, miró
al sol y se puso a hacer la fotosíntesis como si la amapola no existiera.
- Ignorarme, no te va a servir de nada.
La amapola, ignorada por la margarita, vio en ella un reflejo de sí misma, alegre levantó la vista viendo un horizonte. Esta visión la hizo agitarse de placer, no por la visión en sí, sino porque esta le dio la respuesta que la margarita le había negado.
La amapola, ignorada por la margarita, vio en ella un reflejo de sí misma, alegre levantó la vista viendo un horizonte. Esta visión la hizo agitarse de placer, no por la visión en sí, sino porque esta le dio la respuesta que la margarita le había negado.
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