Iba por una zona del bosque a la que no solía ir porque al caminar por ella casi no se veía el cielo y eso torturaba mi mente. El caso es que por lo que sea paseaba por esa cueva de vegetación, alimañas e insectos se entremezclaban formando sombras monstruosas mientras que un viento caliente, como el aliento al expirar, traía un gemido que estremecía a los árboles de la zona. Entonces llegue a una zona un poco más despejada donde se oía un riachuelo correr y donde había una piedra gigante y deformada en el centro. Encima de la piedra logré ver una figura que parecía en paz, seguí avanzando y decidí escalar a hasta esa figura, lo cual no fue fácil pues la piedra era más bien una montaña pequeña que se estaba derrumbando desde los inicios de los tiempos.
Por fin llegué a su cumbres, después de dos resbalones y sendos esfuerzos para no acabar en el suelo, la cumbre era un sitio amplio justamente situada un poco por encima del bosque lo que te daba un horizonte circular que te mareaba de alegría, el sol , con un naranja brillante, se estaba poniendo a un ritmo extrañamente rápido. Miré a la figura, era el chaman.
Ante tal alegre sorpresa corrí a su encuentro saltando de alegría, justamente cuando estaba apunto de llegar hasta él, el sol se oscureció y un amanecer de estrellas pobló el cielo. Agarré al chaman, este abrió un ojo inyectado en luz, su pupila fluía por su globo ocular, el otro ojo era un agujero vació y profundo como una caverna donde su fin se encuentra en el centro de la tierra.
Yo le agarraba el hombro con una sensación de violar algo sagrado. De pronto el chaman se tensó empezando a levitar rodeado de un fluido negro que surgía del aire que le rodeaba, en cuanto este material me tocó mis células gritaron a nivel cuántico, con una mueca de dolor solo pude retroceder con la mano muerta sobre el lateral. Sin perder de vista a mi enemigo me eché un ungüento renovador, a la espera de recuperarme, saqué mi escudo y empecé a retroceder, cuando vi que el chaman se quedaba donde estaba mirado me con esos ojos que fluían vi lo inamovible en su persona y me paré.
Cuando pude salir del sopor inmóvil eché un segundo vistazo al supuesto chaman; sus ropajes eran de un oscuro verde insólito y algo en su gesto pacífico de flor de loto en constante levitar me hizo sacar mi maza cortante poniendo me en guardia por lo que pudiera pasar. Después de un rato eterno mirándonos el uno al otro y al ver que la herida del brazo se me curaba bien me armé de valor para hablar- ¡Quién eres y que has hecho el chaman! - Yo soy el chaman.-y añadiendo con una sonrisa irónica- El exterior no es lo que cuenta.- y soltó una carcajada tan falsa que llenó el aire de agrio silencio a varios kilómetros a la redonda.
Otro buen rato después, cuando recuperé la capacidad de escucha, que no la de oír, El chaman seguía mirado me en su constante levitar, expectante. Entonces le dije- ¿Qué te ha pasado?- aunque lo que me empujaba a hacer esta pregunta no fue en su totalidad la preocupación por mi amigo sino la curiosidad de antaño y el descubrir un sueño nuevo. Este, haciendo un gesto hacia atrás, dijo sin reacción aparente, -Mira en mi espalda.- Ante tal respuesta explicita y carente de enigma lo que no era común en él. Empecé a darle la vuelta muy despacio y poco a poco vi que en su espalda a la altura de la cintura tenía una cabeza, una cabeza humana, la cabeza humana del oráculo, entonces una electricidad de miedo, odio y pena dilató mis pupilas, agarré mi maza cortante y con frenesí celular mi ser se apoderó del arma y se lanzó hacia el diablo que había matado a mi alma gemela...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar