Hace mucho que el tiempo y la opinión decidieron separarse y reencarnarse en moral y ética pero sólo se revelaría su verdadera condición cuando una persona mirara a otra a los ojos en un momento crítico admitiendo en el momento que se habían equivocado.
Somos pensamientos de los demás, somos electricidad que se atrae y rechaza en interrelaciones, que sólo duran el tiempo que no-miras a una persona en el metro o pasas a su lado por la calle. Sencilla electricidad que se enciende y se apaga, química sin importancia que simplemente late en un una antena receptora siempre encendida y atenta a su alcance.
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