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martes, 6 de agosto de 2019

El frutero amable

José el frutero, saluda a todo el mundo por su nombre de pila, con una sonrisa y un gesto amable que conforta, cuando abre a las 07:00 de la mañana lo primero que hace es visitar a sus clientes más cercanos para llevarle su fruta, que le encargan religiosamente todas las semanas y que por alguna razón no pueden ir a comprarlo por ellos mismo, conversa con ellos unos alegres cinco minutos, ni mucho para que se agobien, a tan tempranas horas, ni poco para que se sientan desatendidos y se vuelve a su puesto a las 08:00 encontrando se ya a sus primeros cliente madrugadores sentados y charlando:
La primera es Josefina una jubilada enérgica que siempre le compra su aguacate, y la fruta de temporada que tercie, el segundo es su tocayo, y vive en el portal de enfrente de la frutería, un hombre de mediana edad que con alegre chascarrillo, con ropa deportiva y con cierto trote de calentamiento le compra un par de naranjas comentando con alegre la última cagada del gobierno de turno… y así todos los vecinos, saludan, conversan, compran y comparte con el frutero sus vidas, es más para mucho es como un pilar de la comunidad, consultándole diferentes cosas; desde qué debería hacer con su hijo rebelde hasta como podría invertir unos ahorros, el frutero, además de darles a todos piezas de frutas gratuitas para que las prueben y se decidan si quieren comprarla, a la hora de responder siempre se mantiene prudente y las cosas que sabe las comparte con placer implicándose al máximo, cosas de las que no sabe siempre las deriva a profesionales competentes y serios que siempre llevan a buen término todo lo que emprenden. 

Pero entonces llegó el verano de 2020 y este amable frutero que siempre ha estado abierto de una forma u otra tiene que cerrar la tienda diez días por varios imprevistos. Los vecinos preocupados lo llaman, preguntan y le ofrece ayuda, pero este manteniendo la distancia le quita hierro al asunto y les insta a tener paciencia que sólo iban a ser 10 días de nada.

El primer día del cierre no pasó nada, salvo que un extraño silencio se había apoderado del barrio; nada chasqueaba, no había ni un coche que arrancase, es más los coches aparcados parecían como si no los hubieran movido hace mucho tiempo, un pájaro piaba y arrepentido por su osadía tiraba su nido al suelo con sus huevos y migraba a otros sitio.

El segundo día el cielo oscureció con una neblina llena de rayos, pero esta neblina no precipitaba agua sino arena blanquecina. Josefina paseaba por las calles sonriente con un paraguas preguntando la hora a los del barrio y gritando desesperada después.

Al tercer día, varios vecinos desaparecieron de forma misteriosa, un testigo que quedó inconsciente dijo que era la Santa Compaña que habían cambiado de CEO y que habían empezado a hacer mindfulness e innovar secuestrando en bares y supermercados.

El cuarto día amaneció con josefina ahorcada en el árbol más alto del barrio y Donald John Trump fue reelegido presidente de los Estados Unidos de América.

El quinto y el sexto, las calles se llenaron de bandas callejeras, prostitutas y maleantes de todo tipo, Cthulhu decidió poner su residencia de verano en el lago cerca del barrio y desolar toda alma de incauto que encontrara entre las cinco y la ocho de la mañana de cada día pero eso si sólo de incautos.

El día séptimo José resucitó dijo que era el nuevo mesías, consiguió reunir a más de ocho mil seguidores y crearon una utopía perfecta en el barrio.

El octavo día, con mejor luz, los sectarios se dieron cuenta que no era José el frutero sino el vecino de enfrente por lo tanto los descuartizaron en cuatro trozos y se suicidaron de forma colectiva, Cthulhu horrorizado se fue del barrio.

El noveno y el décimo día el precio de las vivienda bajó, el bario se repobló y José el frutero volvió, y todo volvió a la normalidad.

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