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sábado, 15 de diciembre de 2012

Un Mundo

Quién pudiera vivir en un lugar en el que las miradas no se cruzas, sino que se arroyan unas a las otras llenas de curiosidad, sitio perdido en la memoria donde los sueños se besan y los recuerdos se acarician anhelando a sus hermanas desconocidas.

 La población de este lugar no teme a la derrota pues la derrota es su pan de cada día e incluso le tienen cariño y añoranza por la intensa sensación de la batalla pues son parte de ella.

Su flora resplandece con cada amanecer que viven de los demás y aunque esto les aterra se consuelan pensando que los demás viven de ellos.

La fauna se mata una a otra en un constante celebración del vivir ahora, la muerte no les preocupa pues saben que es la sal de la vida. Sal, sangre y estrellas es lo que entienden mientras, con regocijo ven pasar el anochecer de mil días y el amanecer de mil noches.

Sin embargo todo no es maravilla en este mundo perfecto, ya que campa libre la duda, lo insaciable y lo perverso. El monstruo inconsciente lo llaman. Este mora en todas partes, normalmente se suele conformar con eso pero en cuanto se concentra en un lugar, todos los animales huyen de él, las plantas en su pasividad mueren creyendo que esto lo satisfará, incluso el lugar siempre impertérrito y silencioso se vuelve colérico y rocoso.
En un principio todos lo aceptaron como a una parte de la muerte, nada importante. Pero poco a poco fue acumulándose más y más hasta tal punto que ya su presencia era intensamente omnisciente. Todos se reunieron, desde  los sueños y sus amados los pensamiento, la población, la fauna, la flora, las estrellas, el sitio y la muerte estaban allí hasta la impredecible música errante había dejado de tocar para poder escuchar. Discutieron largo y tendido que hacer se quejaron, mascullaron y gritaron e incluso el propio inconsciente disfrazado de estupidez dio su punto de vista.

-¿Matarlo?, imposible.- Pero hay que intentar algo gritó la población pero la negación se les interpuso haciendo que la indignación les echara del mundo y desde entonces vagan acompañados de la añoranza y el resentimiento.

-Deberíamos encerrarlo, aclamaron todos a la vez y la aceptación surgió en forma de idea. Escogieron a un miembro de la fauna ya que en ese momento los demás no concebían otra posibilidad, porque ésta se había negado a participar en el concilio. La estupidez se propuso en tercer lugar como defensor de esta criatura por detrás del sueño y los pensamientos. Así acordaron engañar al inconsciente.

Fueron a buscarlo y sin esfuerzo, porque estaba en el baño en ese momento, lo capturaron dentro de un mono. ¿Pero Inconsciente no sabía los planes de sus enemigos? Pues no, ya que su disfraz de estupidez se había independizado por simple afán de protagonismo. De la unión del animal y el inconsciente surgió una especie, que se gusta llamar Homo Sapiens Sapiens, la cual fue aceptada por todos y con plena libertad de estar sometida por la muerte. Durante mucho tiempo se unió a la fauna local como uno más y por fin pudo seguir el tiempo su trabajo sin problemas. Pronto el afán de protagonismo hizo que se considerarán superiores y diferentes a los demás. Su esencia se podrían resumir así: Hacen cosas, las cuales son tanto inteligentes como estúpidas.

En el presente sin embargo todos  miran hacia estos seres y se preguntan: ¿Fue buena idea encerrar al inconsciente? idea se encogió de hombros diciendo –A mí que registren y siguió a lo suyo.

2 comentarios:

  1. Sólo avisar que en este cuento tanto sentimientos, acciones y personajes se equivocan entre si y lo cual he resaltado, negando me a poner mayúscula alguna para diferenciarlo, por la simple razón de que así el texto refleja mejor lo que quiero decir.

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